María
Auxiliadora, Madre y Protectora
8 de julio
del 2004
Autor: http://www.churchforum.org.mx/santoral/Mayo/2405.htm
El Salvador, C.A.
El
primer lugar de nuestra historia lo tiene María Auxiliadora,
nuestra Madre y eterna protectora..
Historia
de la devoción a María Auxiliadora en la Iglesia
Antigua.
Los cristianos de la Iglesia de la antigüedad en Grecia,
Egipto, Antioquía, Efeso, Alejandría y Atenas acostumbraban
llamar a la Santísima Virgen con el nombre de Auxiliadora,
que en su idioma, el griego, se dice con la palabra "Boetéia",
que significa "La que trae auxilios venidos del cielo".
Ya San Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla nacido
en 345, la llama "Auxilio potentísimo" de los
seguidores de Cristo. Los dos títulos que más se
leen en los antiguos monumentos de Oriente (Grecia, Turquía,
Egipto) son: Madre de Dios y Auxiliadora. (Teotocos y Boetéia).
En el año 476 el gran orador Proclo decía: "La
Madre de Dios es nuestra Auxiliadora porque nos trae auxilios
de lo alto". San Sabas de Cesarea en el año 532 llama
a la Virgen "Auxiliadora de los que sufren" y narra
el hecho de un enfermo gravísimo que llevado junto a una
imagen de Nuestra Señora recuperó la salud y que
aquella imagen de la "Auxiliadora de los enfermos" se
volvió sumamente popular entre la gente de su siglo. El
gran poeta griego Romano Melone, año 518, llama a María
"Auxiliadora de los que rezan, exterminio de los malos espíritus
y ayuda de los que somos débiles" e insiste en que
recemos para que Ella sea también "Auxiliadora de
los que gobiernan" y así cumplamos lo que dijo Cristo:
"Dad al gobernante lo que es del gobernante" y lo que
dijo Jeremías: "Orad por la nación donde estáis
viviendo, porque su bien será vuestro bien". En las
iglesias de las naciones de Asia Menor la fiesta de María
Auxiliadora se celebra el 1º de octubre, desde antes del
año mil (En Europa y América se celebre el 24 de
mayo). San Sofronio, Arzobispo de Jerusalén dijo en el
año 560: "María es Auxiliadora de los que están
en la tierra y la alegría de los que ya están en
el cielo". San Juan Damasceno, famoso predicador, año
749, es el primero en propagar esta jaculatoria: "María
Auxiliadora rogad por nosotros". Y repite: "La "Viren
es auxiliadora para conseguir la salvación. Auxiliadora
para evitar los peligros, Auxiliadora en la hora de la muerte".
San Germán, Arzobispo de Constantinopla, año 733,
dijo en un sermón: "Oh María Tú eres
Poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra
los enemigos de la fe. Auxiliadora de los ejércitos para
que defiendan la patria. Auxiliadora de los gobernantes para que
nos consigan el bienestar, Auxiliadora del pueblo humilde que
necesita de tu ayuda".
La batalla
de Lepanto.
En
el siglo XVI, los mahometanos estaban invadiendo a Europa. En
ese tiempo no había la tolerancia de unas religiones para
con las otras. Y ellos a donde llegaban imponían a la fuerza
su religión y destruían todo lo que fuera cristiano.
Cada año invadían nuevos territorios de los católicos,
llenando de muerte y de destrucción todo lo que ocupaban
y ya estaban amenazando con invadir a la misma Roma. Fue entonces
cuando el Sumo Pontífice Pío V, gran devoto de la
Virgen María convocó a los Príncipes Católicos
para que salieran a defender a sus colegas de religión.
Pronto se formó un buen ejército y se fueron en
busca del enemigo. El 7 de octubre de 1572, se encontraron los
dos ejércitos en un sitio llamado el Golfo de Lepanto.
Los mahometanos tenían 282 barcos y 88,000 soldados. Los
cristianos eran inferiores en número. Antes de empezar
la batalla, los soldados cristianos se confesaron, oyeron la Santa
Misa, comulgaron, rezaron el Rosario y entonaron un canto a la
Madre de Dios. Terminados estos actos se lanzaron como un huracán
en busca del ejército contrario. Al principio la batalla
era desfavorable para los cristianos, pues el viento corría
en dirección opuesta a la que ellos llevaban, y detenían
sus barcos que eran todos barcos de vela o sea movidos por el
viento. Pero luego - de manera admirable - el viento cambió
de rumbo, batió fuertemente las velas de los barcos del
ejército cristiano, y los empujó con fuerza contra
las naves enemigas. Entonces nuestros soldados dieron una carga
tremenda y en poco rato derrotaron por completo a sus adversarios.
Es de notar, que mientras la batalla se llevaba a cabo, el Papa
Pío V, con una gran multitud de fieles recorría
a cabo, el Papa Pío V, con una gran multitud de fieles
recorría las calles de Roma rezando el Santo Rosario. En
agradecimiento de tan espléndida victoria San Pío
V mandó que en adelante cada año se celebrara el
siete de octubre, la fiesta del Santo Rosario, y que en las letanías
se rezara siempre esta oración: MARÍA AUXILIO DE
LOS CRISTIANOS, RUEGA POR NOSOTROS.
El Papa
y Napoleón.
El
siglo pasado sucedió un hecho bien lastimoso: El emperador
Napoleón llevado por la ambición y el orgullo se
atrevió a poner prisionero al Sumo Pontífice, el
Papa Pío VII. Varios años llevaba en prisión
el Vicario de Cristo y no se veían esperanzas de obtener
la libertad, pues el emperador era el más poderoso gobernante
de ese entonces. Hasta los reyes temblaban en su presencia, y
su ejército era siempre el vencedor en las batallas. El
Sumo Pontífice hizo entonces una promesa: "Oh Madre
de Dios, si me libras de esta indigna prisión, te honraré
decretándote una nueva fiesta en la Iglesia Católica".
Y muy pronto vino lo inesperado. Napoleón que había
dicho: "Las excomuniones del Papa no son capaces de quitar
el fusil de la mano de mis soldados", vio con desilusión
que, en los friísimos campos de Rusia, a donde había
ido a batallar, el frío helaba las manos de sus soldados,
y el fusil se les iba cayendo, y él que había ido
deslumbrante, con su famoso ejército, volvió humillado
con unos pocos y maltrechos hombres. Y al volver se encontró
con que sus adversarios le habían preparado un fuerte ejército,
el cual lo atacó y le proporcionó total derrota.
Fue luego expulsado de su país y el que antes se atrevió
a aprisionar al Papa, se vio obligado a pagar en triste prisión
el resto de su vida. El Papa pudo entonces volver a su sede pontificia
y el 24 de mayo de 1814 regresó triunfante a la ciudad
de Roma. En memoria de este noble favor de la Virgen María,
Pío VII decretó que en adelante cada 24 de mayo
se celebrara en Roma la fiesta de María Auxiliadora en
acción de gracias a la madre de Dios.
San Juan
Bosco y María Auxiliadora.
El 9 de junio de
1868, se consagró en Turín, Italia, la Basílica
de María Auxiliadora. La historia de esta Basílica
es una cadena de favores de la Madre de Dios. su constructor fue
San Juan Bosco, humilde campesino nacido el 16 de agosto de 1815,
de padres muy pobres. A los tres años
quedó
huérfano de padre. Para poder ir al colegio tuvo que andar
de casa en casa pidiendo limosna. La Sma. Virgen se le había
aparecido en sueños mandándole que adquiriera "ciencia
y paciencia", porque Dios lo destinaba para educar a muchos
niños pobres. Nuevamente se le apareció la Virgen
y le pidió que le construyera un templo y que la invocara
con el título de Auxiliadora.
Empezó
la obra del templo con tres monedas de veinte centavos. Pero fueron
tantos los milagros que María Auxiliadora empezó
a hacer en favor de sus devotos, que en sólo cuatro años
estuvo terminada la gran Basílica. El santo solía
repetir: "Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro
de la Santísima Virgen". Desde aquel santuario empezó
a extenderse por el mundo la devoción a la Madre de Dios
bajo el título de Auxiliadora, y son tantos los favores
que Nuestra Señora concede a quienes la invocan con ese
título, que ésta devoción ha llegado a ser
una de las más populares.
San
Juan Bosco decía: "Propagad la devoción a María
Auxiliadora y veréis lo que son milagros" y recomendaba
repetir muchas veces esta pequeña oración: "María
Auxiliadora, rogad por nosotros". El decía que los
que dicen muchas veces esta jaculatoria consiguen grandes favores
del cielo.
Tomado textualmente de: http://www.churchforum.org.mx/santoral/Mayo/2405.htm